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viernes, 4 de mayo de 2012

Sólo sé que no sé nada


Empieza el examen final de filosofía. Todas las horas de estudio a punto de ser rentabilizadas, todo el esfuerzo de un año para ser reflejado en el folio. O no. Llega un alumno, coge el examen y escribe lo siguiente: sólo sé que no sé nada. No escribe nada más, entrega el examen y se va.

Aunque parezca increíble, el alumno recibió una nota de diez. No estoy seguro de si esta historia es cierta, pero en caso de que lo sea habría que aclarar ciertas cosas. Hay tres razones por las cuales alguien diría esta frase. Cuando la dijo Sócrates, la dijo como una lección de humildad, para mostrar que no debemos hacer alarde de lo que sabemos, pues es poco comparado con la realidad. Pero hay otras razones por las que alguien formularía esta frase, y son las siguientes: por pereza, que sería la principal razón del alumno del examen, y por escepticismo. Para un escéptico, no se puede conocer nada con seguridad.

Cualquiera puede utilizar esta frase, pero es importante siempre conocer la razón por la que la decimos. Se puede decir por humildad, como Sócrates la decía, pero si la razón es otra, es de caradura hacerte el humilde cuando en realidad el problema  es la pereza de ponerse a responder preguntas. Muchas veces la pereza puede ser incluso clave en el escepticismo. Cuando se dice que no se pueden llegar a verdades con seguridad, muchas veces es por la pereza de encontrar esas verdades. Por ello, si alguien dice que no sabe nada por escepticismo, cabe la posibilidad de que ese escepticismo esté encubriendo a la pereza por llegar a la verdad.

Más importante que decir las cosas es saber por qué las decimos.

Alan P.

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