Blog para la asignatura de filosofía.

Si queréis ver el blog de toda la clase, donde se publican las entradas buenas, pinchad aquí: Blog de la Clase

Por cierto, si os aburren mis entradas, podéis darle de comer a los peces

sábado, 5 de mayo de 2012

Carta a mi futuro yo


Querido futuro Alan,

Si estás leyendo esta carta significa que estás en tu 30 cumpleaños. ¡Felicidades!

Vayamos por partes. Para empezar, espero que estés haciendo algo interesante. Supongo que habrás terminado la carrera de Industriales y estés dedicado a hacer cosas tipo máquinas que tocan el xilófono. Como la que viste en el Tecnun, ¿te acuerdas? Si a lo que te dedicas es a estar sentado en una oficina todo el día con la única meta de traer dinero a casa, estás muerto para mí. Monta tu propia empresa. No tengas miedo a equivocarte. De hecho, mejor equivócate.

Supongo que te habrás casado ya, ¿no? A lo mejor 30 años te parece joven, pero no lo es. Las buenas se van enseguida, así que déjate de tonterías de quedarse soltero para pasártelo mejor, porque en ese caso terminarás amargado y solo.

En caso de que estés casado, no te describo a tu mujer, porque sé que será increíble, sea como sea. Nunca la dejes escapar. De momento tendrás un hijo, aunque ve preparándote para los próximos. Por cierto, espero que ya te hayas comprado el barco. Llévate a tu hijo todos los días a navegar, cómprale un optimist, enséñale todo lo que sabes. Por cierto, espero que no sigas en Madrid. En caso de que sigas, vete de ahí ahora mismo y busca el mar, la vela y el poniente. Tu sitio está en el mar, no en Madrid.

Y ya que cumples 30, espero que hayas hecho todas las cosas que tengo planeado hacer. Si no, sinceramente, te dejo que decidas entre pegarte un tiro o salir ahora mismo de donde estés y hacerlas. Ya sabes cuáles son, pero te las recuerdo: habrás dado la vuelta al mundo a vela, habrás abierto un bar con un colega durante un tiempo, habrás aprendido a tocar la guitarra (ahora mismo me da pereza aprender), te habrás tirado en paracaídas, habrás ido a una fiesta elegante en pijama, le habrás tirado una tarta a un político, le habrás cambiado la vida a un niño pobre, te habrás llevado a una chica a cenar a lo alto de un rascacielos y te habrás sacado la licencia para pilotar avionetas. Podría alargar la lista, pero creo que con esto ya hay para rato, ya así que si aún no has hecho todo, te ordeno ahora mismo que te pongas a hacerlo.

Te deseo un muy feliz cumpleaños, y espero que seas feliz siendo quien eres, pues, al fin y al cabo, tú eres yo.

Alan P. (el del 2012) 

viernes, 4 de mayo de 2012

Sólo sé que no sé nada


Empieza el examen final de filosofía. Todas las horas de estudio a punto de ser rentabilizadas, todo el esfuerzo de un año para ser reflejado en el folio. O no. Llega un alumno, coge el examen y escribe lo siguiente: sólo sé que no sé nada. No escribe nada más, entrega el examen y se va.

Aunque parezca increíble, el alumno recibió una nota de diez. No estoy seguro de si esta historia es cierta, pero en caso de que lo sea habría que aclarar ciertas cosas. Hay tres razones por las cuales alguien diría esta frase. Cuando la dijo Sócrates, la dijo como una lección de humildad, para mostrar que no debemos hacer alarde de lo que sabemos, pues es poco comparado con la realidad. Pero hay otras razones por las que alguien formularía esta frase, y son las siguientes: por pereza, que sería la principal razón del alumno del examen, y por escepticismo. Para un escéptico, no se puede conocer nada con seguridad.

Cualquiera puede utilizar esta frase, pero es importante siempre conocer la razón por la que la decimos. Se puede decir por humildad, como Sócrates la decía, pero si la razón es otra, es de caradura hacerte el humilde cuando en realidad el problema  es la pereza de ponerse a responder preguntas. Muchas veces la pereza puede ser incluso clave en el escepticismo. Cuando se dice que no se pueden llegar a verdades con seguridad, muchas veces es por la pereza de encontrar esas verdades. Por ello, si alguien dice que no sabe nada por escepticismo, cabe la posibilidad de que ese escepticismo esté encubriendo a la pereza por llegar a la verdad.

Más importante que decir las cosas es saber por qué las decimos.

Alan P.

jueves, 3 de mayo de 2012

Sobre gana-panes y cabezas filosóficas


Está claro que existen dos tipos de sabedores. Al margen de cualquier otra clasificación que se pueda hacer sobre éstos, la que para mí es más importante es la diferenciación entre gana-panes y cabezas filosóficas. ¿Y en qué se distinguen ambos? En la forma en la que valoran el conocimiento. Los gana-panes valoran el conocimiento en la medida en que éstos traigan dinero, prestigio social, etc. Mientras tanto, las cabezas filosóficas son, como les define su etimología, los que aman el conocimiento.

El gana-pan quiere vivir de la ciencia y no para la ciencia. Su fin último sería enriquecerse, y como medio utiliza la ciencia y el conocimiento. Mientras tanto, el objetivo de las cabezas filosóficas es la búsqueda de la verdad. No pretende enriquecerse ni alcanzar prestigio. Ama la verdad más que su sistema. Está dispuesta a cuestionarse a sí misma y su pasión es preguntar, no la respuesta aquietadora.

Dentro de nuestra sociedad, el ejemplo más claro de gana-panes sería el ingeniero. Conoce la ciencia y la utiliza, pero únicamente como medio para enriquecerse. No ama la ciencia por sí misma, sino simplemente por el dinero que le puede traer. Y el ejemplo más claro que encuentro de cabezas filosóficas son los matemáticos y los filósofos. Su profesión requiere un esfuerzo parecido al  de los gana-panes, pero su pasión es el conocimiento, su amor al saber es más importante que el poco dinero que puedan ganar con él.

Los gana-panes, aunque parezcan a priori útiles para nuestra sociedad, son peligrosos para la ciencia, pues lo que pretenden es que sus conocimientos conserven su valor comercial, y por ello consideran peligrosas las revoluciones del saber. Una cabeza filosófica acogería una revolución del saber o un cambio de paradigma como algo bueno, que le acerca más a la verdad.

Invito a reflexionar sobre qué tipo de sabedor eres, si eres el tipo que ama al saber o el que se aprovecha de él.

Alan P.